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viernes, 22 de octubre de 2010

8. SOBRE LOS TÍOS RODOLFO Y CARLOS

Estos son los tíos con quienes menos traté. El tío Rodolfo murió un año antes de que yo naciera. El tío Carlos vivía en la ciudad de México, y sólo viajó y estuvo con nosotros mientras vivió la abuela Carolina.
Ambos eran los hijos varones mayor y menor de los abuelos. Mi madre los quiso mucho a los dos.
Del tío Rodolfo se hablaba muy poco. Más bien escuché muchas veces que fue muy desgraciado en su matrimonio, pues no pudo terminar la carrera de medicina, no llegó a tener la solvencia económica que le exigía su familia política, y se casó con una dama de sociedad con fuertes vínculos -no entendí nunca si eran reales o imaginarios- con la antigua aristocracia hacendaria yucateca.
Don Rodolfo Ariosto Gamboa Gamboa nació en Hoctún el 8 de julio de 1913. Ignoro cómo fueron sus primeros estudios, pero cursó la carrera de medicina. En 1941 y 1956 trabajaba como empleado, y en 1943 y 1951 se ostentaba como estudiante o pasante de medicina. Entre 1948 o 1949 y 1953 vivió en Halachó con su familia, misma que luego pasó a Mérida, y vivó en una casa en la calle 60.
Se casó el 25 de julio de 1941 con doña Cristina Ávila Febles, la tía Cristina, con quien tuvo a mis siete primos: Rodolfo Artemio, María Cristina, Beatriz, Álvaro, Ricardo, Emilio y Noemí. Estos son mis primos mayores, con quienes he tenido muy poca relación.
Mi tío Carlos parece que fue punto y aparte en esta familia. Sólo una vez recuerdo haberlo tratado en Mérida, cuando llegó con su familia y se preparó un cuarto de la casa especialmente para ellos. Fue la primera persona que conocí, aparte de mi padre, que permitía a los niños darnos ciertos lujos en el cine o en la playa.
Durante las temporadas que hizo mi madre en el Distrito Federal, cuando fue a estudiar en la Normal Superior, entiendo que pudo reunirse con el tío Carlos algunas veces, aunque siempre fue en cafés o restaurantes, y nunca en su casa. Esta situación no se debía a que ella no fuera invitada por su hermano para llegar a su hogar, sino que la relación de la esposa del tío Carlos -la tía Estela- con las tías y mi madre no fue nunca buena. Ellas llamaban a la tía Estela "La Piojosa".
Don Carlos Enrique Gamboa y Gamboa nació en Mérida el 28 de julio de 1930, aunque su registro fue extemporáneo, pues el abuelo Rodolfo lo presentó al Registro Civil hasta el 4 de febrero de 1941. Recuerdo que mi madre y tía Frida me relataron que hubo que alterar su acta de nacimiento para que pudiera entrar siendo menor de edad al Colegio Militar.
De 1942 a 1945, hizo sus estudios de secundaria en la escuela "Adolfo Cisneros Cámara", y se le expidió el certificado de estos estudios con fecha 23 de noviembre de 1945. Se aprecia en la copia del certificado que tengo que no era un alumno dedicado, pues sus calificaciones eran las mínimas aceptables.
Se desempeñó en el ejército nacional hasta su muerte, en la década de los 80. Encontré que en febrero de 1952 era Teniente de Infantería, y en junio de 1962 se referían a él como Capitán 2o. Ingeniero Industrial. Me parece que escuché sobre él que formaba parte del Estado Mayor Presidencial.
Casó el 16 de julio de 1952 con doña Estela Arvizu, una regiomontana, y de esta unión tuvo cuatro hijos, aunque sólo recuerdo los nombres de tres de ellos: Estela, Carlos y Carolina. A la última la trataba muy mal su madre, y las tías decían que porque no la quería ya que se llamaba igual que la abuela.
De estos tíos no tengo más que decir, y sólo mencionaré una vez más a tío Carlos cuando me refiera a uno de los misterios de esta familia.

miércoles, 20 de octubre de 2010

6. PRIMICIAS DEL TÍO ROLY

Me es difícil pensar en un concepto de este tío, pues era como un enorme rompecabezas que cambiaba a cada movida que uno hacía. Ora era camaleónico, en otro momento metamórfico, y luego volvía a ser la persona de una sola palabra de la que tengo, como recuerdo más antiguo de mi infancia, que me dijo que los hombres no se besan, debido a que mi madre me había enseñado que a los tíos y tías debía saludarles de beso y tutearlos.
Aún recuerdo cuando hace más de 35 años fuimos a visitarlo al campo militar de Irapuato, donde entre otras cosas tenía a su cargo la cocina y el comedor. El respeto que le mostraban los militares me impresionó mucho, y por ser sus sobrinos mi hermanito y yo fuimos tratados al punto del consentimiento.
Tío Rolando (le decíamos "Roly") tuvo como adoración a mis tías Frida y Elsie, sobre todo a la primera, y cuando ella murió en abril de 1999, al poco falleció él.
Era lo que podríamos llamar un "hombre de familia", pues todo el tiempo estuvo pendiente de su casa, y en sus últimos años tuvo un gran pesar por la suerte de mi primo Róger, de quien platicaré en su momento.
En la fotos de la derecha y abajo vemos a los tíos Roly y Alicia con mis primos. En la que está a la derecha, vemos detrás de ellos a mi primo Rolando. El sonriente junto a mi tía es Roberto. Ella lleva abrazado a Gerardo. Con tío Roly, vemos que sujeta a Róger y a Javier. En la foto de abajo los vemos, de izquiera a derecha, con Ricardo, Alicia y Gerardo.
Don Rolando Elsner Alberto Gamboa y Gamboa nació en Mérida el 26 de febrero de 1919, siendo el cuarto hijo de los abuelos. Estaba en la milicia nacional en 1947, y se mantuvo en el ejército hasta su jubilación. Después, tuvo varios trabajos, y aún recuerdo cuando a inicios de los años 90 fuimos a visitarlo a las oficinas de la SARH en la calle 59, luego de que se restableció de una operación a corazón abierto que tuvieron que hacerle.
Era asiduo a la casa de tía Frida todos los domingos, por lo que tenía la oportunidad de verlo con esa frecuencia. Era muy platicador y frecuentemente alegaba sobre cualquier asunto que se pusiera en la mesa. Él fue también quien me dijo en una ocasión que los niños sólo podíamos escuchar en la mesa, pero que no podíamos hablar, pues eso correspondía a los adultos. Aunque no pudiera participar, me quedaba porque me gustaban mucho sus pláticas y las veces que discutía sobre cualquier cosa. En honor a la verdad, debo decir que mi tío no era consistente con esta prohibición que me puso, pues sus hijos si podían hablar cuanto quisieran.
Una anécdota que escuché frecuentemente es que en cierta ocasión subió a la mesa del comedor a sus hijos mayores, para que pudieran mostrar sus botas nuevas a la abuela Carolina. Ellos se pusieron a zapatear la mesa y eso molestó mucho a mi madre y a tía Elsie. No sé cuantas veces escuché esa historia, incluso contada por tía Frida, pues la decían para señalar al tío como alguien muy testarudo. En verdad era terco algunas veces, y la única ocasión que lo vi flaquear fue en el caso de Róger.
Se casó con doña Alicia Cárdenas Cantón el 21 de septiembre de 1947, y de su unión nacieron mis siete primos: Elsner Rolando, Roberto Enrique, Javier, Róger, Gerardo, Ricardo y Alicia. El primero de estos primos fue Elsner Rolando, quien nació el 16 de julio de 1950.
Fue testigo del paso del huracán Janet en Chetumal, en 1957, cuando el mar arrasó con el poblado y cambió de calle una casa sobreviviente. También le tocó vivir varias situaciones a nivel nacional, debido a la movilidad que tuvo en el ejército.
Más adelante, espero tratar más de este tío. En particular, deberé tocar lo referente a su participación en el pleito de la casa en algún momento.

domingo, 17 de octubre de 2010

3. PRIMICIAS DE TÍO FERNANDO

Antes de saber qué era un samurai, conocí a mi tío Fernando, que es lo más parecido en Yucatán a ese ser oriental. Lo digo porque el samurai en su existencia combina las esencias del crisantemo y la espada, y mi tío Fernando podía ser muy tierno y dócil, pero también muy duro e hiriente.
Don Fernando Humberto Gamboa Gamboa nació el primero de mayo de 1922 en Mérida, y fue el quinto hijo de los abuelos. Su muerte debido al cáncer marcó el fin de una época para esta familia, pues recuerdo el profundo duelo que invadió la casa, al que se sumó la enorme depresión de la abuela, pues había fallecido su hijo favorito.
Él dejó este mundo el 29 de diciembre de 1969, y dos días después lo seguía la abuela, pues por más que hicimos para tratar de sacarla de su ensimismamiento no pudo superar el perder a tío Fernando. Mi hermanito William la encontró muerta la mañana del día 31, cuando la fue a llamar para desayunar.
Como todas las personas, tío Fernando trataba de mantenerse en el claroscuro. Sin embargo, cuando llegaba a la casa de la calle 61, esa casa invadida de sol por las mañanas, parecía que una luz cruzaba el umbral y todo se volvía alegría, había esperanza en el futuro, y ese hombre rudo por fuera, era un dulce con sus hermanas y con los niños.
Estudiaba en el Colegio Militar, en la ciudad de México, en 1944, pero abandonó esos estudios para hacerse periodista y luego fue empleado federal.
En julio de 1949, a los 27 años, se casó con la tía Elsie Rosas Evia, y de esa unión nacieron mis primos Fernando Humberto. Elsie Carolina de las Mercedes, Mario Alberto y Jorge Iván.
Tío Fernando era la materia gris de esta familia, pues todo el tiempo estaba pensando en cosas que a veces los demás no entendían. Además, siempre fue muy solidario con sus hermanos, y parece ser que cuando murió el abuelo, él fue el brazo fuerte de la abuela Carolina.
Tía Frida me contó que él y mi padre iniciaron una revista sobre las ciudades antiguas mayas, y que sacaron varios números, aunque aún no logro encontrar ninguno que haya sobrevivido. También recuerdo una anécdota de él que me contaron en casa, sobre la ocasión en que fue a Guatemala y entrevistó al presidente de ese país. Estaban en una cena y le sirvieron su plato de carne con mucha grasa, que él comenzó a separar, hasta el momento que el presidente le dijo que en su país había mucha hambre, y que si dejaba esos pellejos se los darían a los perros. Tío Fernando acabó comiendo todo lo que le dieron.
Tenía problemas con el alcohol, pero no por ello dejaba de lado lo que tuviera que hacer. Asimismo, era el consejero de todos sus hermanos, y tenía una relación muy especial con tía Elsie y con sus hermanos varones.
Tengo la siguiente foto de diciembre de 1966, cuando mi prima Elsie Carolina cumplió 15 años. Se observa a tío Fernando feliz con su hija, y los flanquean mi prima Beatriz y la abuela Carolina.


Tuve ocasión de escuchar las ironías de tío Fernando, pero este aspecto y otros más, los dejaré para otra ocasión.