lunes, 14 de febrero de 2011

20. SOBRE LA PRIMA BEATRIZ

Beatriz era una morena de altura estándar y grandes ojos oscuros. Era generalmente callada, dosificando sus palabras y sus intervenciones, aunque a veces, ya en confianza, se le podía escuchar dar sus razones, además de que tenía una conversación muy amena.
Quería mucho a mi madre y mis tías, y había una particular conexión de ella con mi madre, pues se parecían en varios sentidos.
Doña Beatriz Gamboa Ávila nació el 2 de febrero de 1947. Fue hija de don Rodolfo Ariosto Gamboa Gamboa y doña Cristina Ávila Febles. Ignoro cuáles fueron sus estudios, pero entró muy joven a trabajar al periódico Novedades de Yucatán, donde conoció a quien luego fuera su esposo, don José de Concepción Pereyra Lizarraga, a quien todos conocimos como "Pimpo". Se casaron en 1968.
En los años 70 se les presentó la oportunidad de ir a establecer las oficinas del periódico para el estado de Quintana Roo, por lo que se mudaron a Chetumal.
Recuerdo que íbamos al menos una vez al año a visitarlos, por lo que varias veces estuve con sus hijos Mauricio José y Beatriz Josefina cuando eran pequeños, y los he vuelto a ver intermitentemente. Como feliz coincidencia, hace unos meses me encontré con Josefina y conocí a su hija Josie y a su esposo Fernando. Además, tengo entendido que Mauricio está casado y vive en Veracruz.
Beatriz era una mujer muy inteligente. Eso decían mis tías y era anunciado públicamente por mi madre. Comentaban que había tenido la suerte de las feas, pues a ojos de su madre nunca podría tener la predilección que le dispensaba a su hermana María Cristina. Sin embargo, decían, Beatriz se había logrado labrar una buena vida al lado de un muy buen hombre.
Luego que salí de Mérida, supe intermitentemente de mi prima Beatriz, hasta que en abril del año 2003 mi madre me llamó llorando para decirme que había fallecido y que Pimpo estaba muy triste, y que no sabía si lo podría soportar. Desgraciadamente, así fue y Pimpo la sobrevivió cinco años más.
No es mucho más lo que podría decir de mi querida prima Beatriz, pero seguramente habrá alguien que pueda platicar más sobre esta gran mujer.

domingo, 13 de febrero de 2011

19. PRIMICIAS DEL YO

Mi nombre es Robert Alexander Endean Gamboa, aunque no siempre me llamé así. Hasta los seis años fui Roberto Enrique Tadeo, pero luego de una fuerte discusión entre mis padres, mi madre me cambió el nombre y mi padre se fue de casa por alrededor de seis meses.
Nací el 11 de octubre de 1962 y fui el primer hijo de mi madre y el tercero de mi padre, pues él se había casado en el estado de Quintana Roo en los años 50 y tuvo dos hijos, medio-hermanos míos que aún no conozco, pero de cuya existencia me platicó tía Frida.
Mis padres fueron Gloria Gamboa Gamboa y William John Endean. De él hablaré con más profusión en otro momento.
Crecí junto con mi hermanito William en la casa de mis abuelos maternos, en la calle 61 del centro de Mérida. Esta casa para mí ha venido a ser el modelo de lo que debe ser un hogar, un lugar tuyo donde todos los días quieres estar, donde puedes recibir a otros y en donde puedes sentir la creación fluir y ser parte de ella.
Siendo hijo de una maestra y sobrino favorito de otra -tía Elsie-, además de tener una prima muy cercana que se preparó para ser profesora -Fridita-, deduzco que tuve muchas oportunidades a mi alrededor para encauzar mi curiosidad, aunque también hubo ocasiones en que mi madre me frenó para no hacer determinadas cosas. De esta manera, las restricciones iban desde no tener permitido cambiar un tanque de gas o poner un clavo, hasta la negativa de que yo pudiera estudiar ballet, por tratarse de puras mariconerías. Sin embargo, mi madre quería que William y yo estudiáramos algún oficio manual para tenerlo como colchón en la vida, en caso de no tener otro trabajo, y por ello nos metió como aprendices de sastre, aunque eso sólo fue un gran error del que luego desistió.
Debo aclarar que desde los siete años entramos a estudiar piano, pero William decidió no seguir poco antes de cumplir los 10. Yo estudié piano por cerca de 13 años con tres maestros, y recuerdo a dos de mis mentoras con gran cariño: doña Julia Baqueiro y doña Dea Valencia.
Mi infancia y adolescencia en Mérida transcurrieron sin grandes contratiempos, quizá debido a mi carácter más bien sosegado. Estudié la primaria principalmente en dos escuelas: La "Ignacio Zaragoza", por Itzimná, y la "Benito Juárez", en la Esperanza. Cursé la secundaria en la escuela "República de México", de La Mejorada y seguí en la escuela Preparatoria No. 1 de la UDY, luego UADY. Desde la secundaria supe que quería estudiar matemáticas, y averigüe que en la universidad había una escuela, por lo que ingresé a la misma luego de terminar el bachillerato, al alborear los años 80.
En la Escuela de Matemáticas, tuve la fortuna de estar rodeado de un grupo de amigos muy entrañable y solidario. Todos fuimos impactados por el influjo de la biografía de Galois que había escrito Leopold Infeld -traducida por la Editorial Siglo XXI- y esto nos motivó a buscar maneras de salir adelante con nuestra curiosidad: Con un seminario de investigación, con la Sociedad de Alumnos, con viajes a actividades académicas en otras partes del país, y con una veintena de cosas más.
No obstante, la mera idea de que como matemático no tendría más futuro en Yucatán que ser profesor, me desalentó al grado de la depresión, que busqué resolver con un seminario de lógica con el salvadoreño doctor Marroquin, e incluso pensando en cambiar de carrera. O sea, ciertamente un profesor de matemáticas ganaba muy buen dinero, como ya lo había comprobado desde que inicié la carrera, además de que me gustaba dar clases, pero era tal la animadversión de los alumnos hacia las matemáticas que la posibilidad de enseñarles se resolvía en una lucha de titanes, a menos que uno se volviera un profesor buenazo de esos que dejan pasar a todos.
Se me presentó la oportunidad de viajar a la capital del país a estudiar con una beca. Resulta que el presidente De la Madrid arrancó en el año 1983 el Programa Nacional de Bibliotecas Públicas, y se había propuesto formar profesionales para sustentar este instrumento en los estados. Fui de los elegidos por el Gobierno de Yucatán y viaje a estudiar de 1984 a 1986 en la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía.
Al año siguiente me casé con una guanajuatense, doña Georgina Acuña Ruiz y nos fuimos a vivir a Chilpancingo, donde trabajé como Coordinador de Bibliotecas de la Universidad Autónoma de Guerrero por dos años.
Desde 1989 vivo en la ciudad de México, en donde he tenido distintos trabajos y me he podido desarrollar profesionalmente. Estudié el doctorado en antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y ahora estoy haciendo el doctorado en bibliotecología y estudios de la información en la UNAM.
Durante más de 15 años trabajé en la UNAM, hasta que en agosto del año pasado renuncié a mi plaza de académico, por estar muy cansado de vivir la trágica situación de pudrición en que se encuentra la Biblioteca Nacional desde hace muchos años. Ahora trabajo como consultor independiente en temas de diseño para solucionar problemas del campo de la información.
Como todos, en la vida he tenido grandes tentaciones, descalabros y momentos que no quiero olvidar. Desde niño he tenido un problema, que antes decía que era como sentirme siempre en un auditorio sólo muy cerca de un escenario, viendo que de tras bambalinas salían unas bolitas brillantes que pasaban cerca de mí, a veces tan próximas que podía tomarlas, apenas mirarlas y dejarlas ir. Mi amigo Alejandro Herrera hace unos años me dijo que eso se llama "déficit de atención" y me recomendó buscar una medicación, pero por terquedad me he negado a hacerlo.
Siento que mi vida ha sido apasionada, pero en cierto sentido. No he vivido una relación grata con mi cuerpo, que a veces siento extraño a mí. Soy gordo, siempre lo he sido, pero antes esta idea me ataba a ciertos convencionalismos. Mi carácter es difícil y soy obsesivo, y por ello muchas personas piensan que tengo un carácter irascible, aunque también las hay que creen lo contrario y me buscan en cuanto me ven.
Me gusta mucho viajar, leer, comer bien, escuchar música y sobre todo platicar. No hay nada más sabroso que platicar o escuchar las pláticas de otros. Por eso, era fanático de estar pegado a la sobremesa que se armaba cada domingo en casa de tía Frida. Por la misma razón, me gusta tanto mi familia, pues si algo sabe hacer muy bien es platicar. Pero esta charla se ha extendido, por lo que la termino ahora y la seguiré en otro momento.

martes, 18 de enero de 2011

18. PRIMICIAS DE LA PRIMA FRIDITA

Pensar en mi prima Fridita me trae mil recuerdos, pues la quise muchísimo ya que con ella crecí y viví hasta los 21 años, cuando salí de Mérida para ir a estudiar fuera. Vienen a mi memoria muy buenos, gratos y sabrosos momentos que pasamos juntos, a veces en mi casa y otras en la suya, que al cabo eran colindantes.
Fridita era una persona muy lúcida, pero por lo mismo sufría mucho. También tenía un pequeño problema debido a que confiaba demasiado en la bondad de los demás y esperaba que los otros fueran igual con ella, por lo que tuvo que vivir muchos desengaños y no pocos descalabros cuando quiso meter las manos al fuego por alguien o se hizo intercesora de causas perdidas.
Doña Frida Reneé del Socorro Méndez Gamboa fue hija de tía Frida y tío Mario. Nació el 11 de julio de 1955 y llegó a la vida de tía Frida cuando estaba cercana a cumplir los 40 años.
Sin lugar a dudas, puedo decir que la llegada de Fridita cambió todo para tía Frida, quien aún no se había resignado a no tener hijos. No estoy seguro de si ella o tío Mario no podían engendrar, aunque siempre escuché que mi madre y tía Elsie lo culparan a él de ser estéril, debido a la vida disipada y licenciosa que había llevado en su juventud.
Basta ver fotografías de tía Frida antes y después de la llegada de Fridita para darse cuenta del cambio en su semblante. De cierto, Fridita fue su adoración y ella la atendió, apoyo y defendió hasta el último día de su vida, pues siempre quiso lo mejor para su hija.
La relación de Fridita con su padre fue muy compleja, pues tío Mario fue algo tirano con ella, aunque le dio todo lo que le pidió. Como ejemplo, recuerdo una tarde en que la correteó por toda la casa durante casi una hora tirándole zapatos, y deveras que tenía muchos ejemplares Fridita. Tía Frida se interponía para defenderla y le tocaban zapatazos, pero eso no disminuía la furia del tío.
Hay algo de Fridita que muy pocos notaron, y fue más bien criticada por ello: Era una gran soñadora, una que se dejaba arrastrar por sus pasiones, convocando a todos a su alrededor a seguirla; y allá íbamos tras ella, como regimiento siguiendo a un general. De esta manera, cuando fue presidenta del Club de Fans de Raphael en Yucatán, todos hacíamos llamadas a las radiodifusoras para votar porque las canciones de Raphael ganaran a las de José José.
Otro momento en el que desplegó su pasión fue cuando comenzó a ejercer como maestra en el pueblo, hasta donde la acompañó tía Frida para no dejarla sola. Al darse cuenta de la misería que había en el lugar, organizó campañas para recolectar cosas que se llevaban en camión o taxi para darle a la gente necesitada.
Otra remembranza es cuando trabajó como voluntaria en la Casa Hogar de Niños de DIF, en la época en que gobernó Dulce María en Yucatán. En este sitio, ayudó a colocar a muchos niños huérfanos o abandonados entre parientes y amigos, e incluso se quedó con una niña que pasó a ser la segunda adoración de tía Frida.
Es tanto lo que viene a mi mente: Cuando cumplió 15 años y uno de mis primos quiso tener sexo con ella y llevarla a conocer hombres; o cuando a los 17 años se enamoró perdidamente de Russell Domínguez Baqueiro, quien entonces era nuestro vecino; o cuando se soñaba delgada, a pesar de que diariamente le recordaba tía Elsie lo gorda que estaba; o cuando quiso ser bailarina de clásico, pero se lo impidió el problema que tuvo en la columna vertebral y que la obligó a usar un corsé por algún tiempo. Tantas cosas... pero ya las contaré en otra ocasión.
Tuvo un final terrible, pues murió afectada por cinco padecimientos el 11 de enero de 2004, dejando huérfana a Friné Oyuki, quien entonces acababa de cumplir 11 años y fue secuestrada por una parienta lejana del linaje de la tía abuela Candita, quien la retuvo para beneficiarse de la pensión y el dinero y los bienes que le quedaron. Oyuki ha crecido engañada desde entonces, pensando que Fridita quiso que las cosas fueran así, y todos los intentos que mi madre hizo para rescatarla fueron vanos, dado el estado de desamparo en que las leyes de nuestro país tienen a los niños. Pero algún día seguiré hablando de este asunto, pues Oyuki recién llegó a la mayoría de edad.

sábado, 15 de enero de 2011

17. LOS GAMBOA Y EL MAR

Desde niño, escuché cientos de veces remembranzas de paseos y temporadas que los hermanos Gamboa habían realizado con sus padres y familiares a Celestún, Telchac, San Crisanto, Río Lagartos y otras playas de Yucatán.
Me enteré de los paseos en lancha, los juegos -como lanzarse en clavado y pasar bajo la embarcación, o sumergirse y aguantar la respiración-, los peligros ocurridos cuando aparecían tiburones, el gusto por el pescado en distintos guisos... Todo esto se contaba con un sabor que demostraba en cada palabra el placer de estar frente a y en el mar.
Recuerdo que el último gran encuentro con el mar fue cuando tío Rolando se estableció definitivamente en Mérida, para lo cual organizó un paseo de playa a Cozumel e Isla Mujeres, al que fueron sus hermanas. No tuve la dicha de ir, pero recuerdo que mis primos Gamboa Cárdenas estuvieron, al igual que mi madre, las tías Elsie y Frida, además de Fridita. Por mucho tiempo se habló de ese paseo.
De niño fui a varias temporadas, y en un par de éstas que organizaron conjuntamente las tías estuvimos en Progreso, en una vivienda a una calle del mar justo atrás de la casa del pastel, a un lado de una pareja de ancianos muy simpáticos. La señora se llamaba Teyde y su casa era muy grande, bien iluminada y bonita.
El recuerdo más antiguo que tengo fue de una temporada en la que estuvo la abuela. Recuerdo que ella entraba a la casa cuando anochecía para echar el flit, y que jugábamos hasta tarde sin suspender la plática.
Otro recuerdo que tengo muy vivo fue cuando viajábamos en los años 70, cada día del maestro, a Tulum, Xel-ha, Akumal, Cancún y a veces a Isla Mujeres y Cozumel. Mi madre siempre escogía esta ruta que era una de las que daban como regalo a los profesores para celebrar su día.
Las temporadas que hacía la familia Gamboa Cárdenas eran de antología, y otras líneas descendentes de la familia hacían lo propio.
Aquí muestro algunas fotografías de las varias que he encontrado donde podemos ver a las Gamboa en la playa. La más antigua la he puesto arriba. Está fechada en agosto de 1936 y fue tomada en Chicxulub. Vemos en ella a una jovencísima tía Elsie (3a de izquierda a derecha), a cuya diestra se encuentra Betty Victoria y una señorita llamada Eddy. A su izquierda está un niño de nombre Carlos Humberto, pero no sé quién sea.
La segunda foto que pongo aquí fue tomada en Telchac en agosto de 1947. Vemos a mi madre en primer plano y atrás una balsa con mujeres, seguramente parientas y amigas de la familia. También se aprecia un joven que tampoco he podido identificar. Más o menos de la misma fecha debió ser la siguiente foto (la tercera), donde podemos ver a mi madre con tía Nery, hija de tío Ricardo.
Las últimas dos fotos no tienen fecha, pero debieron ser de inicio de los años 50. En la primera (izquierda) vemos a las tías Elsie y Cristina con dos niños, posiblemente hijos de ésta. En la segunda, están las tías Frida y Elsie.
Muchos de los primos tenemos aún el recuerdo de que tía Frida nos enseñó a nadar. Aún tengo en la memoria sus consejos sobre cómo debía estar el mar para que pudiera entrar. Una vez nos metimos ella y yo estando toda la orilla llena de zargazos. "Para que flotes mejor", me dijo.
Así fue la relación de los Gamboa con el mar, era plena de amor, disfrute, sapiencia y respeto.

jueves, 13 de enero de 2011

16. PRIMICIAS DE LA FAMILIA DE LA ABUELA

Los bisabuelos Bibiano y Candelaria tuvieron cuatro hijas: La abuela Carolina y las tías Clemencia, Candelaria y María Petrona. A la izquiera tenemos una imagen de la abuela Carolina.
De doña Clemencia Gamboa Gamboa no tengo mayor información. Creo que era la mayor de todas y encontré recientemente tres fotografías de ella, además de una cuarta que dudo si le corresponda. La primera fotografía que muestro aquí a la derecha está fechada en Progreso en febrero de 1910. Vemos a una mujer joven vestida de color claro y sentada en un sofa de jardin. Seguramente es una foto de estudio. El hombre que aparece atrás quizá fuera su esposo, pero eso aún falta averiguarlo.
En la segunda foto, la tía Clemencia aparece de pie, llevando en una mano un bolso, mientras el otro brazo descansa en el respaldo de una silla. También es una toma de estudio. Lleva un vestido oscuro y se ha cortado el cabello.
La última foto que tengo de la tía Clemencia está fechada el 2 de diciembre de 1920 en Saint Louis, Missouri. La dedicó a su padre, el bisabuelo Bibiano, y es necesario decir que él murió exactamente un año después de esta fecha. Vemos en la imagen a la tía Clemencia en una toma exterior situada en un jardín, posiblemente de la casa en donde se hospedaba. Su ropa es de color claro y sigue con el cabello corto. A diferencia de las otras dos fotografías, aquí sí parece mirar al fotógrafo.
Doña Candelaria Gamboa Gamboa, llamada "Candita", debió nacer en 1890. Se casó con don Victoriano Gamboa Sosa (1858-1943) y parece que tuvieron tres hijos: Alfonso, Mercedes (1913-1999) y Nidia (1926- ). A Mercedes la conocimos todos como "tía Mechita" y era vendedora estrella de productos de Avón. Tía Nidia vive aún en Los Ángeles, California. Alfonso ya murió, pero no tengo mayor información de él. No he podido identificar alguna fotografía de tía Candita., quien falleció el 14 de enero de 1959.
Doña María Petrona Gamboa y Gamboa, llamada "Petita", nació probablemente en 1898. Su foto es la de la izquierda. Se casó con don Ernesto Sánchez Vera y hasta donde supe tuvo dos hijos, pero el varón murió en condiciones trágicas siendo niño. Le sobrevivió su hija Nelly, quien se graduó como profesora de educación primaria elemental y superior en la Escuela Normal Urbana "Rodolfo Menéndez de la Peña" en el año 1939. Recuerdo haber escuchado varias veces que la mandaron a dar clases a un pueblito remoto de Tabasco, donde contrajo tifoidea y murió antes de que la pudieran trasladar a la capital para que la atendieran.
Tía Petita perdió la cabeza luego de la muerte de su hija y vendió todo lo que tenía. Parece que su marido la había abandonado antes y ella se dedicaba a hacer vestidos. Con el dinero que obtuvo, compró un espacio grande en el Panteón y mandó hacer una tumba espectacular donde está enterrada la tía Nelly. Espero encontrar esa tumba en mi próximo viaje a Mérida para poder mostrarla aquí.
Cuando era niño, varias veces me enviaron a buscar a tía Petita a su casa en la calle 42, muy cerca del Chembech, para que viniera a la casa de la 61 a comer. Vivía sola porque en las noches gritaba y lloraba dormida. Creo que la casa la rentaban para ella y a mí me daba miedo, pues era muy vieja y muy oscura. Es curioso, pues ahora recuerdo que dejé de verla luego de que murió la abuela Carolina en 1969. No sé qué fue de ella, sólo que falleció el 12 de diciembre de 1972.

jueves, 23 de diciembre de 2010

15. HOCTÚN, AGOSTO DE 1872

El apellido Gamboa se puede encontrar con profusión en una amplia zona del centro del estado de Yucatán. La familia de la que aquí tratamos debió vivir en Hoctún al menos desde inicio del siglo XIX, por lo que resultaría interesante saber un poco sobre la vida en el pueblo en esas fechas idas.
El 13 de julio de 1872, Manuel Aldana Rivas, quien era el editor responsable del periódico La Revista de Mérida envió unas cartas a personas ilustradas de las poblaciones de Yucatán, para invitarlas a ser agentes corresponsales de esa publicación. En el caso de Hoctún, invitó a don Ignacio Gamboa, quien más tarde fuera llamado por sus contemporáneos el "Renán de Hoctún" por sus amplios conocimientos, y que publicó libros sobre filosofía, moral, ética y religión entre 1899 y 1914.
En la invitación de Aldana Rivas, pedía a los nuevos corresponsales que informaran semanalmente sobre los siguientes asuntos con referencia a sus pueblos:
1. Acontecimientos notables del lugar o puntos de su dependencia.
2. Estado del orden público.
3. Noticias relativas a la línea de defensa contra los bárbaros.
4. Movimiento agrícola y mercantil, con expresión de los precios por mayor de los principales productos del lugar.
5. Instrucción pública.
6. Religión.
7. Industria.
8. Artes.
9. Estado sanitario de la población.
10. Caminos.
11. Fenómenos raros de toda especie.
12. Costumbres e índole de los habitantes.
13. Todo lo que tenga relación con la geografía y la estadística.
De don Ignacio sabemos poco aún, pero respondió a la invitación de Aldana Rivas el 9 de agosto de 1872 y nos dejó una fotografía de Hoctún de valor incalculable, a pesar de la parquedad con que trata algunos de los temas requeridos, e ignora otros de los que no escribe palabra. Su respuesta se publicó en la entrega del periódico del 14 de agosto, y dice lo siguiente (usaré los números indicados antes como guía de la información que proporcionó Gamboa y haré algunos comentarios):
1. La fiesta principal de Hoctún se llevó a cabo del 1 al 6 de agosto. Hubo toros y bailes. En los tablados había más de cuatro mil personas y en los bailes hubo noche que se pusieron quince grupos de cuadrillas. En la Enciclopedia de los municipios de México indica que del 15 de julio al 6 de agosto se hace festejo en honor del Santo Cristo de la Transfiguración, que puede ser a la que se refirió en su informe el corresponsal. Sin embargo, en el Calendario de fiestas tradicionales de Yucatán no encontramos que Hoctún celebre una fiesta en agosto.
2. Sobre el orden público fue muy lacónico al designarlo como "inalterable".
3. Decía que "ningún plan de defensa hay en esta población contra este terrible enemigo [los bárbaros], por no existir guarnición ni armamento, ni pertrechos de guerra de ninguna clase. Cuando hemos tenido al enemigo a distancia de diez leguas, como cuando ocupó y destruyó el pueblo de Tibolón, nos hemos armado con escopetas recogidas a los particulares y a las haciendas y nos hemos puesto en guardia para esperarlo en la persuasión de que si avanzara nos protegerían los pueblos comarcanos". En 1872, Hoctún pertenecía al Partido de Beneficios Bajos con cabecera en Sotuta. Aclaremos que una legua en Yucatán es la distancia que se recorre a pie en una hora, y que por tanto puede variar entre tres y cuatro kilómetros. Tibolón, población del municipio de Sotuta, se encuentra al Sureste de Hoctún, a una distancia de entre 30 y 40 kilómetros.
4. Había dedicación exclusiva al cultivo del maíz y casi no se tenía comercio. Dos o tres años antes, inició la siembra de henequén y se tenían más de 500 mecates sembrados en sólo el casco de la población. Los habitantes continuaban sembrando henequén con el mismo ánimo con que empezaron. También había siembra de frijol menudo y del llamado "tsamá", de higuerilla, de pepita gruesa y menuda, el macal, la jícama, el sagú, los espelones, el cacahuate, chile, etc. Luego indicó el precio de la carga de maíz, aclarando que las milpas estaban por perderse por falta de un aguacero formal. El corresponsal además proporcionó los precios de la manteca, el sebo, los cueros de res al pelo, los cueros de venado, las cerdas, así como el aguardiente amargo y el anisado. Dado que no había mercado en el pueblo, los demás productos tenían precios variables.
5. Había una escuela pública con un preceptor, que debió ser lo que ahora llamamos una "escuela unitaria". La mantenía el erario y tenía 80 alumnos. El maestro ganaba 24 pesos mensuales. El corresponsal hizo un comentario ocasional sobre que el profesor, por más que se ufanara, no podría "compartir entre todos sus discípulos su enseñanza".
6. Sólo se profesaba la religión católica.
7. No comentó sobre el estado de la industria.
8. Había un taller de carpintería y dos de herrería.
9. No había ninguna enfermedad reinante.
10. No comentó sobre el estado de los caminos.
11. No comentó sobre fenómenos raros.
12. Los habitantes tenían un espíritu religioso, principios fijos e ideas liberales. Además, señaló que los hoctunenses habían probado estas características de su índole en repetidas ocasiones con hechos públicos. En torno a esta descripción, indicó que se parecían a todos los yucatecos, con diferencias según el grado de cultura.
13. No comentó sobre la geografía y la estadística del pueblo.
Por supuesto, esta fotografía de don Ignacio Gamboa mostraba lo que más le interesaba resaltar y evadía tratar sobre otros asuntos, quizá porque no aplicaban o porque no sabía o no le interesaban. No volvió a enviar otro comunicado al editor sino hasta el 2 de diciembre del mismo año, sólo para manifestar su opinión sobre la Guerra de Castas y repetir lo cerca de Hoctún que estuvieron los bárbaros cuando atacaron Tibolón.
En este pueblo vivían los Gamboa de mi familia. El esposo de la tía abuela Candita, don Victoriano Gamboa Sosa, era comerciante, y en los papeles que tengo de la familia se habla de sastres, músicos y otros varios oficios que realizaban las personas en este terruño familiar, del que seguiremos tratando cuando haya más información.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

14. PROEMIO A MI HERMANO NENO

Son muy gratos los primeros recuerdos que tengo de mi infancia en la casa de la calle 61, pero de entre todos ellos aquél que recuerdo con más viveza es el descubrimiento de mi hermanito William junto a mí. Es difícil describir cómo fue mi niñez junto a él... Sigue en mi memoria como la persona más bella que he conocido en mi vida, con su gran sonrisa, su ojos que ríen y su cabello rojo, siempre curioso, inquisitivo, travieso, sin estar quieto un momento...
También recuerdo su ingreso a la primaria, y la lucha de mi madre contra todos por los prejuicios que había con las personas zurdas. Le dijeron que eso era un vicio, que era cosa del diablo, que era manía y que él sería mala persona cuando creciera. Le recomendaron que le amarrara el brazo izquierdo, que se lo rompiera o quemara... Ella lo defendió siempre, lo justificó y lo ayudó con tareas y con cuanto problema tuvo... hasta el última día de su vida así fue.
Mi hermanito, don William John de Jesús Endean Gamboa, nació el 25 de diciembre de 1963. Fue hijo de Gloria Gamboa Gamboa y William John Endean. Se casó por primera vez en abril de 1987 con Yamile Rosado Abdala, y al año siguiente se divorciaron de una forma que llegó a pleito y causó gran disgusto a mi madre y enorme depresión a él. Tres años más tarde, se casó con Marlene Cervera Sáenz y tuvo tres hijos: Marlene Carolina, William Alexander y Marianne Jocelyn.
Desde muy chico, comencé a llamarle "Neno", a raiz de cierta preferencia que mi madre había mostrado para llamarlo cariñosamente. O sea, le empecé a llamar así por puro celo, aunque tiempo despues este apelativo se volvió muy natural y él sabe que lo llamo así.
Siempre ha sido juguetón y mujeriego, muy mujeriego, y una nube de féminas siempre ha revoloteado a su alrededor. Lo interesante es que esta conducta ha sido la causa de grandes pasiones de varias mujeres, quienes incluso buscaron a mi madre para tener sus favores -que creían les acercaría más a William- y la apapacharon hasta la demasía con regalos, viajes, cartas, comidas, etc.
Otro gran encanto de Neno es su portentosa memoria, que le ha permitido aprender varios idiomas, pues habla el español, el maya, el inglés, el francés, el alemán, el italiano, el portugués, el ruso, el japonés y lo dejé aprendiendo el chino mandarín. Estudió la carrera de ingeniería industrial, pero nunca la ha ejercido, pues siempre quiso trabajar como guía de turistas. Sin embargo, ese trabajo ha afectado su salud, además de que recientemente no le reditúa lo que necesita para mantener el ritmo de vida que acostumbra.
Mientras vivió mi madre, aunque cada quien estaba en su casa siempre hubo entre ellos una especie de simbiósis, aún más porque ella se ocupada de varios asuntos, pagos y cobros que él requería. Cuando murió mi madre hace dos años algo ocurrió... como que Neno perdió el rumbo... como que la vida dejó de tener sabor y color. Se está volviendo una sombra de lo que fue y de la belleza sólo quedan la sonrisa y la mirada, aunque a veces ésta parezca invertida en una infinita tristeza.